lunes, 5 de enero de 2009

La Noche Mágica

Desde muy pequeña esta noche ha sido mágica para mí. Aún hoy conservo esa ilusión, y mañana soy la primera en levantarme y despertar a toda la casa para ver qué nos han traido los Reyes Magos de Oriente.
Por supuesto hoy después de la Cabalgata, dejaremos nuestros zapatos cerca del balcón o en la entrada de la casa, unos cuantos mantecados para SS. MM. por si vienen con hambre, una copita de anís por si vienen con frío y agua para los camellos. Y si nos hemos portado bien durante el año nos encontraremos con regalitos, en vez del temido carbón.

Y, ¿desde cuándo nos viene esta tradición? Pues aproximadamente desde el "reciente" s.XIX, que fue cuando los niños empezaron a escribir cartas a los Reyes.


El origen de esta tradición católica que se extiende a otros países como Alemania, Austria, Italia, Suecia, Finlandia, Croacia, Liechtenstein, Eslovaquia, en partes de Suiza y algunos países de Latinoamérica, está fundamentada en la referencia que se hace de ellos en el Evangelio de S. Mateo: “Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén... Se pusieron en camino, y la estrella que habían visto en Oriente los guió hasta donde estaba el niño... Abrieron sus tesoros y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra... y regresaron a su país por otro camino.”
Pero, hasta el s.III y basándose en representaciones artísticas de la época, ni se sabía si eran tres o más los que aportaron los tres presentes, ni sus edades, ni el origen exacto de sus razas, ni si eran sabios, astrónomos o reyes.

En el Evangelio armenio del s.IV aparecen por primera vez los nombres que se les dieron: Melkon como rey de los persas, Garpar como el rey de los indios y Baltasar, el rey de los árabes.

Un mosaico de la Basílica bizantina de S. Apollinare Nuevo en Ravenna (Italia) que data del s.VI nos muestra a los tres Magos vestidos al estilo Persa, muy similares en edad entre sí, sin distinción de razas y con los nombres de los tres sobre sus cabezas.


¿El por qué de los tres dones? Oro, regalo propio de un rey, incienso, símbolo de la divinidad, y mirra, sustancia aromática que se utilizaba para embalsamar a los muertos y representación del futuro sufrimiento y muerte.

En el s. VIII, un monje benedictino inglés del monasterio de Saint Peter, Beda el Venerable, ya habla del color moreno de Baltasar: “El primero de los magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba (…) fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole el incienso, símbolo de la divinidad. El tercero llamado Baltasar, de tez morena”.

A finales de la Edad Media, algunos comentaristas como Petrus de Natalibus, aportaban las edades de los reyes, 60, 40 y 20 años respectivamente
En el siglo XVI la Iglesia por motivos evangelizadores identifica a los reyes con los tres hijos de Noé, que a su vez vendrían a representar las razas pobladoras del mundo: La europea, la asiática y la africana.
La leyenda cuenta que tras la visita al niño Jesús, se convirtieron en viajeros y llegaron hasta la India, donde el apóstol Santo Tomás les habría bautizado y nombrado obispos. Dedicaron el resto de su vida a la evangelización y a su muerte, fueron inhumados en un mismo sarcófago.
Se dice que las reliquias de SSMM de Oriente se guardan en una catedral de Colonia (Alemania).

Apasionante todo lo que encierra una tradición que parece que no simboliza nada más que el puro hecho de hacerse regalos, ¿no?

1 comentario:

Patri Jorge dijo...

si...tu lo hsa dicho, simboliza una excusa para regalar.....

Para mi es la noche más mágica de la Navidad..... Gracias por el texto y que tengas muchos reyes.

Un abrazo grande